miércoles 16 de diciembre de 2009
lunes 2 de noviembre de 2009
Después de tanto tiempo

Tuve poco tiempo para actulizar el blog. Y bastante ocupado con la página de rugby (rugbytucumano.com.ar) por lo que no me dí la oportunidad de escribir aquí.
Pero me movieron muchas cosas en estos tiempos.

Pero la que más me tuvo atareado fue la comunión de mis mellis. Camila y Julieta.
Aquí les dejo algunas fotos. Pocas pero válidas. Como verán, estuve trabajando ese día también. Asado con la familia, recepción de chicos, juegos y demás desde las 17 hasta las 23. Y todo terminó como a la una de la mañana. Agotadora jornada, aunque no tórrida y con temperaturas poco habituales como este fin de semana pasado en Tucumán.
Fue un fin de semana laaaargo. Para mí. Agotador y de emociones encontradas. Feliz porque mis hijas tomaban un paso importante dentro de la creencia familiar. Y la emoción que me embargó cuando su maestra de jardín, Liliana, las abrazó con la infinita dulzura de la que sabe que el tiempo pasó inexorablemente. Desde que entraron a ese nuevo y asombroso mundo que le abría las puertas a las aventuras, travesuras, al aprendizaje y a los juegos compartidos para comenzar a crecer, pasaron apenas 6 años. Sólo seis años.
Y en cinco más... no, por ahora no. Déjenme verlas niñas siempre, así, como ahora.
lunes 19 de octubre de 2009
Credibilidad 0

En uno de mis primeros años en la facultad, donde estudié la Licencitura en Comunicación Social, tuve una vez a un gran profesor. David Lagmanovich, cordobés de nacimiento y tucumano por adopción, ensayista, cultor del cuento breve, profesor de Literatura en universidades argentinas, brasileñas, norteamericanas y europeas , lingüista y periodista.
Intentó, con muy poco resultado, transmitirnos todo lo que sabía con su materia en esas apenas dos horas durante la semana.
Una de las cosas que más me impactó fue su alocución que nos corrió el velo de la creencia que el periodista es objetivo.
El famoso "Grado 0".
Ese que dice que el periodista debe relatar las cosas con la mayor objetividad posible. Nos tiró al tacho esa teoría.
Porque desde el mismo momento que el periodista comienza un relato o a describir una situación, utiliza su visión, sus sensaciones, sus palabras. Cuando hablamos de opinión, es otra cosa.
Pero nos remitamos a la crónica, donde supuestamente el periodista recoge las versiones de diferentes fuentes para armar un relato.
De allí, la verdad. ¿La verdad absoluta? ¿O la verdad de quienes fueron testigos de los hechos que, además, fue interpretada por el periodista o redactor?
¿Cuánto de verdad hay o existe en ese relato?
Entonces, la credibilidad del periodista, se vuelve frágil.
El arma más fuerte y quizás la única del periodista, es que sea creíble. Puede escribir mal, su sintaxis puede no ser la mejor. Pero su máxima tiene que ser la credibilidad. Sino, ¿a quién le interesaría leer algo que no se sabe si lo escribió por convicción o por inducción (=$)?
Qué problema, ¿eh?
Y con esta multiplicidad de medios electrónicos pululando por aquí y por allá, ¿quién dirá la verdad?
¿A quién creer? ¿a quién recurrir? ¿con quién vamos a compartir nuestras convicciones o nuestras dudas? ¿quién nos salvará de toda esa maraña de mentiras y verdades que cruzan nuestras vidas?
Mírense al espejo y pregúntense si están vestidos como dicen que hay que estar o como realmente lo sientes; si comes lo que te dicen lo que hay que comer o lo que realmente tienes ganas; vas a los lugares donde te sientes bien o a los que va la gente bien para sentirse mejor... ¿en qué crees? ¿en lo que te dicen o en lo que sientes?
Mírate al interior. Ahí está la verdad, pura y sin marketing ni intereses creados.
Búscate y te encontrarás. Te lo aseguro.
martes 6 de octubre de 2009
Despedida
Y un día subió para cantar con sus amigos que se fueron antes y nosotros la extrañaremos por un tiempo. Sólo por un tiempo...
miércoles 9 de septiembre de 2009
Sueño encendido
Primeros vos, después yo. La respiración lenta, profunda, intensa...después agitada, después... acariciarte lento y despacio, hasta soltarte definitivamente.
El rojo carmesí intenso arde en mis labios, quema, cada vez que me acerco. Transpiro. Te beso. Te vuelvo a besar. Una y otra vez. Hasta sentir que te empequeñeces y tu aroma me envuelve, me invade y me llena para sentir la necesidad de volver a apretarte contra mí para sentir tu calor, tu piel, tu sabor.
Los vahos de alcohol se mezclan con tu intensidad que me provoca, me aprisiona, me traspasa.
Juegas conmigo, vienes y vas, me seduces, me tomas, me dejas y mis pensamientos vuelan. Más allá. Más acá. Más y más...
Y entonces, cuando apenas mi ojos pueden sostener mi mirada te vas, lejos, apagándote de a poco.
jueves 13 de agosto de 2009
Y pasaron los 40...

Fue una tarde con amigos. Y el cariño de mi gente, mi familia...
Eso fue más importante que soplar una vela más que agregaba un año a mi calendario.
Me hubiera gustado que estuviera gente que no veo hace tiempo, que las extraño y que las necesito.
Pero no todo en la vida se puede. Y la felicidad consiste en no hacer lo que se quiere sino en querer lo que se hace.
Y esa tarde estuve feliz. Me hizo feliz ver a la gente que quiero.
Les comparto algunas fotos. Un abrazo.





viernes 7 de agosto de 2009
Y vos ¿qué clase de alfajor sos?
Pasaba por Perfil.com para leer algunas cosas del mundo argentino y me cayó en gracia este nuevo blog hablando sobre las mujeres escrito por Diego Gualda.Hace una comparación exquisita, tal vez no por el nivel sino por el producto en sí, que es riquísimo. Lean. Para ellos, seguro les causará en gracias.
Para ellas, tal vez se tienten en ver a qué grupo pertenecen. O se tienten con alguno.
En su libro “Sexo para golosos y otras cochinadas”, afirma el investigador Hans Von Neuenburg -que poco teme al ridículo- que las mujeres son como los alfajores. Así, en un veloz recorrido por el quiosco de su barrio, elabora una taxonomía del género bello que, básicamente, podría resumirse así:
La mujer Havanna: Es exquisita. Es la mejor. Es también la más cara.
La mujer Balcarce: Quiere competir con Havanna pero, si bien tiene algunas cosas en común, no le llega ni a los talones.
La mujer Cachafaz: La versión porteña del Havanna, es deliciosa, elegante y mucho más accesible.
La mujer Suchard: Fue un boom en los ’80. Hoy, ya no existe.
La mujer Negro & Blanco: Se reinventó y volvió con toda la gloria. Un clásico.
La mujer alfajor de Maicena: Aunque por dentro es puro dulce de leche, es seca y difícil de tragar.
La mujer Guaymallén: Es baratísima, pero al segundo bocado te arrepentís.
La mujer Milka: Es demasiado sofisticada y, de a ratos, te resulta sobrevaluada. Falla la relación calidad-precio.
La mujer Capitán del Espacio Triple: Es densa, pesada, excesiva. Pero es la más dulce.



