martes, 17 de marzo de 2009

Bendito país, malditos empresarios...

(foto tomada de la página primerafuente.com.ar)
Los colegas de El Tribuno Tucumán la venían pasando mal. Los sueldos, además de bajos, se pagaban con retraso. Este fin de semana, y después de meses de tensiones, asambleas, auditorías y reuniones interminables, despidieron a 31 empleados entre periodistas, fotoperiodistas y personal administrativo. Los compañeros despedidos están a la espera de una conciliación obligatoria, y viendo cómo pueden resolver las cosas, aunque lo cierto es que quedaron sin trabajo en medio de una gran desprotección legal, empresarial y gremial, todo sumado a falta de solidaridad de otros colegas y medios que no quisieron hacerse eco ni publicaron lo que está pasando en El Tribuno. Desde Sin soltar el lápiz va todo el apoyo a los compañeros que quedaron sin trabajo una vez más por el maltrato y estafa de los empresarios, y la inoperancia del accionar gremial. Espero que las cosas se solucionen y que alguna vez un medio gráfico pueda ofrecer sueldos dignos y continuidad en Tucumán. (Texto publicado en el Sin soltar el lapiz)

María Belén lo resumió bien, claro y conciso. Mi amiga cibernética se hizo eco (creo que fue la única) de los despidos en el diario de nacimiento salteño.
A mí me da mucha tristeza. Hay gente ahí, que conozco bien (y a algunas muy bien), que no merecen pasar de nuevo por lo que ya vivimos en el 2001 con el periódico.
No hacen falta nombres. Nadie merece lo que pasan estas 31 familias. Nadie.
Recuerdo una charla que tuve cuando estaba el proyecto diario en ciernes.
Yo había deambulado dos años desde el cierre del medio que me daba de comer hasta que encontré el actual trabajo.
Entonces aparecieron los popes empresarios, haciendo gala de su capacidad financiera y comenzó la ronda de entrevistas. Alquiler de hotel para el desembarco de los responsables en armar la redacción, alquiler de un local céntrico para la redacción, refacción para la planta impresora, mucha infraestructura, olor a billetes nuevos...
Yo, igual que el juego: desconfío.
Fui igual a la entrevista porque me llamó quien en un momento de incertidumbre me dio una mano. Pero mi intención, desde el primer momento, era no dejarme tentar. Y era grande la tentación por volver a mis fuentes, a sentir la adrenalina periodística. No, no era fácil.
Me senté frente a la sicóloga muy coqueta y arreglada ella. Yo me había calzado el único traje decente que me había quedado con unos zapatos lustrados pero viejos. La resaca del desempleo todavía hacía mella en mí aunque habían pasado casi dos años.
Las preguntas comunes, las respuestas obvias. Hasta que me quiso saber cuánto quería ganar.
Le dije sin pensarlo dos veces: "$ 2500..."
Era una cifra alta, para lo que se paga aún en Tucumán. Pero ellos no tenían intención de desembolsar más de $1500 por encargado de sección. Eso me enteré después. Yo había sido postulado para encargarme de la sección Deportes.
Me miró la sicoloca como si estuviera desubicado. Inmediatamente le dije.
"Creo que si tengo que optar por dejar el trabajo que tengo, debería ser lo suficientemente tentador el sueldo. Además, estoy cansado de los proyectos poco serios".
"Este es un proyecto serio", argumentó con voz grave y con una mirada que ya no era la amistosa de hacía unos minutos.
"Con más razón aún", argumenté. "Para un proyecto serio, lo que pretendo no sería problema", contesté y sonreí, con sorna e ironía.
Me contestó la sonrisa, cordial. Sabía que había quedado acorralada por sus propias palabras y salió con el elegante y ya muy trabajado "Muchas gracias, sr. Gambarte. Cualquier cosa, lo llamaremos".
Nunca lo hicieron.
Pero no estoy contento por eso. Ni agradecido. No pretendía que me llamaran. Prefería un trabajo al que le peleo todos los días para que me llene que vivir la incertidumbre de estos compañeros durantes estos últimos cinco años por hacer lo que me gusta.
Me invade la tristeza. Porque este bendito país es demasiado generoso con inescrupulosos que se la dan de empresarios.
Y los medios periodísticos no escapan a esa mediocridad.
Lamentablemente.
Lo peor: nadie hace nada. Y mis compañeros la siguen pasando mal.

10 comentarios:

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

La verdad estas cosas me dejan sin palabras, no tengo mucho qué acotar, sólo que entiendo tu tristeza y tu bronca, porque más allá de no conocer a fondo el problema, que la gente se quede sin trabajo y ver la injusticia tan de cerca, le toca a cualquiera.

Pero te pido q me perdones con este cambio de tema q te voy a hacer, tu blog pesa cada día más!!
Le estás agregando cosas???
Así no te voy a poder leer!
Demoró media hora esta maquina a carbon para poder dejarte un comentario!!

Perdón, ya me desahogué.

Unknown dijo...

Sí, Cindy... Es la impotencia de ver la injusticia y no poder remediarlo.
Y contestando tu pregunta: no, no le agregué nada.
No sé. Yo en casa lo abro sin dramas.
Besos.

miguel dijo...

MI SOLIDARIDAD PARA CON ESOS TRABAJADORES........BENDITO PAIS,MALDITOS EMPRESARIOS¡¡¡¡¡¡¡

Pipina dijo...

Por todos lados se está viviendo la impotencia en este país, realmente lo único que agregaría que estoy cansada de los cancheros de traje y corbata y mujeres fashión para seguir engañándonos. Besos, yo tambien estoy triste. Pilar

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

en mi ksa también lo abro sin drama.
Es esta máquina a carbón del laburo...

Pero por qué sale eso de mercado libre a cada rato???

Unknown dijo...

No lo sé... pero te juro que no estoy cobrando, eh?

Maby dijo...

Sí, es triste Horacio lo que pasó, tanta gente afuera y tanta gente descuidada hasta por sus propios colegas. Me da mucha bronca, recuerdo una entrevista de trabajo que tuve hace tres años en ese diario cuando en el que yo trabajaba se estaba viniendo abajo, y tuve una experiencia similar a la tuya, la persona que me entrevistó me decía que se trataba de un medio serio, grande, con nombre, pero me ofrecían poca plata y lo que es peor, hablaba mal de mis colegas. Entonces me di cuenta de que no era mi lugar de trabajo, a pesar de que tengo ahí muchos y queridos amigos. En fin,como dice la canción española, ojalá alguna vez, la tortilla se dé vuelta. Un abrazo.

el Rafa dijo...

Los filibusteros hijos de puta que nos cagan la vida...
Yo deje ese diario por que deje el periodismo y me duele ver los que les pasa las personas que ahí conocí. Sin embargo algunos entregadores filibusteros que hoy están el calle y antes desde sus escritorios te miraban padecer con la sorna de los traidores me ENCANTA que estén así. He dicho!
Compadre Horacio perdon por la catarsis. Abrazo

Diego Nofal dijo...

Espero que la cara de los entregadores aparezca en los carteles que pegaron en el diario tienen nombre apellido y fueros gremiales, los empresarios son hijos de putisima madre bien conocidos ahora hay que revelar los complices internos

Redactor dijo...

Estimado, yo también pasé casi por las mismas cosas que vos (qué loco, no?). Fuimos compañeros en El Siglo, luego en el periódico, y luego en la Obra Social, aunque claro, vos ahora seguís y yo ya no estoy ahí. Ah, también coincidimos en esa ronda de entrevistas aunque mi experiencia fue distinta a la tuya. Yo pasé un par de eliminatorias, pero al final tampoco me llamaron. Recuerdo que al principio me amargué porque significaba volver a lo que tanto me gusta y porque donde estaba trabajando en ese momento, estaba en negro. Pero después, y pese a que ya no estoy ahí, me dí cuenta que como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga. De todas maneras, sé por lo que muchos están pasando y obviamente me solidarizo con ellos. Un abrazo y nos estamos viendo (cuando vaya a la farmacia...)